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Dos agendas que se cruzan en Moscú

Cumbre Rusia-África: Kinsasa diversifica sus alianzas y busca en Moscú apoyos concretos para la seguridad del Este de la RDC.

Pixabay / soultrain

Dos agendas que se cruzan en Moscú

Los días 28 y 29 de octubre de 2026, Moscú acogió la tercera Cumbre Rusia-África. Vladimir Putin defendió allí la idea de que su país es un socio mejor que Occidente: las empresas rusas operarían en África en pie de igualdad, mientras que las capitales occidentales seguirían, según él, codiciando los recursos del continente. El mensaje responde a un objetivo claro. Aislada por la guerra en Ucrania, Rusia busca en el Sur global un apoyo político y reivindica la noción de «mundo multipolar».

Para la República Democrática del Congo, la ecuación es distinta. Félix Tshisekedi había participado en la cita de Sochi en 2019, antes de faltar a la de San Petersburgo en 2023. Su regreso a Moscú no tiene, por tanto, nada de automático. Traduce un cálculo: hacer oír la crisis del Este congoleño en un foro donde uno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad busca precisamente interlocutores africanos.

El Consejo de Seguridad, moneda de cambio

El núcleo de la intervención congoleña es de carácter securitario. El jefe del Estado pidió a Rusia que apoyara la aplicación de dos resoluciones de la ONU. La resolución 2773, adoptada el 21 de febrero de 2025, exige la retirada de las fuerzas ruandesas y el fin de la ofensiva del M23. La resolución 2808, adoptada el 19 de diciembre de 2025, versa en particular sobre la renovación del mandato de la MONUSCO. También abogó por la implementación efectiva de los compromisos surgidos de los procesos de Washington y Doha.

La lógica es la de ampliar el círculo de apoyos. Kinsasa no puede conformarse con los socios ya implicados en la mediación. Busca trasladar el expediente del Este del registro de la solidaridad declarativa al de la acción multilateral. Y Rusia dispone de un escaño permanente y de un derecho de veto, dos bazas en las discusiones sobre los mandatos de mantenimiento de la paz y el seguimiento de las decisiones de la ONU.

El intercambio funciona en ambos sentidos. La RDC ocupa ella misma un escaño en el Consejo de Seguridad como miembro no permanente para el periodo 2026-2027. Allí defiende una mejor representación de África, que no tiene ningún escaño permanente, una reivindicación que Moscú, crítico con la preponderancia occidental, puede acoger con benevolencia. Moscú obtiene una voz africana en su tribuna. Kinsasa obtiene un interlocutor adicional en su expediente prioritario.

Diversificar sin cambiar de bando

El presidente congoleño formuló la doctrina sin rodeos: diversificar las alianzas, dijo, no es elegir un bando, es reforzar la libertad de decisión al servicio de las poblaciones. El contexto explica esta prudencia. China y Estados Unidos invierten en los sectores estratégicos de la RDC, con la Unión Europea, los Emiratos, Turquía y la India al acecho. En este panorama, multiplicar los socios equivale a hacer jugar la competencia para obtener mejores condiciones de financiación, de transferencia de competencias y de acceso a los mercados.

La visión rusa de un mundo multipolar se presta a esta lectura. Ofrece a Kinsasa un marco retórico compatible con una postura de no alineamiento. No la obliga, sin embargo, a elegir entre Moscú y las capitales occidentales.

Prioridades económicas que esperan su traducción

En el terreno económico, la delegación congoleña presentó cinco prioridades: la creación de empleo, la energía, las infraestructuras, la transformación local de los minerales y la seguridad alimentaria. El desafío minero es central. Los minerales congoleños son indispensables para las baterías, la electrónica y la transición energética. Su explotación ilegal alimenta, según el alegato presentado en Moscú, la continuidad de los conflictos armados en el Este. Cuando la transformación industrial se realiza en el extranjero y los circuitos de comercialización siguen siendo opacos, una gran parte del valor añadido escapa del territorio productor.

La agenda de la visita preveía la firma de tres acuerdos de cooperación, sobre salud pública, sobre intercambios económicos, comerciales, científicos y técnicos, y sobre formación profesional de los jóvenes congoleños. El número es modesto y el perímetro amplio. Ilustra una estrategia de entrada progresiva, centrada en ámbitos donde Rusia pone por delante una experiencia, como la formación científica, la energía o las infraestructuras.

Lo que los datos no permiten establecer

Esta lectura debe matizarse por varias limitaciones. En primer lugar, ningún importe financiero, calendario de ejecución o volumen de intercambios acompaña a estos acuerdos. Se ignora, por tanto, si la cooperación con Moscú cambiará la estructura económica congoleña o si permanecerá simbólica. La celebración de una bilateral entre Vladimir Putin y Félix Tshisekedi solo estaba señalada, en el momento de las últimas informaciones disponibles, por fuentes, sin confirmación del contenido de las conversaciones.

En segundo lugar, el apoyo político ruso no podría por sí solo resolver el conflicto del Este. Su utilidad dependerá de la capacidad de Moscú para traducir sus posiciones en iniciativas coordinadas con las Naciones Unidas, la Unión Africana y los mecanismos de negociación existentes. Rusia está, por lo demás, inmersa en una guerra que varios miembros de la ONU, en particular dentro de la OTAN, califican de agresión. Ello limita su credibilidad como mediador a los ojos de algunos socios.

Por último, la lectura de un bloque ruso inamovible contra Occidente queda desmentida por los hechos. La liberación el 21 de octubre del profesor estadounidense Stephen James Hubbard, tras más de cuatro años de detención en Rusia y a raíz de una intervención de Donald Trump, recuerda que Moscú mantiene canales abiertos con Washington. Al menos otros siete ciudadanos estadounidenses seguirían detenidos en Rusia, lo que demuestra que esos canales distan mucho de haberlo resuelto todo. Moscú juega, pues, sobre varios tableros, como Kinsasa.

Una conclusión a la medida de los hechos

La cumbre de Moscú no indica ni un giro de la RDC hacia Rusia ni una ruptura con los socios occidentales. Pone de manifiesto un juego de intereses cruzados. Rusia busca una legitimidad africana y apoyos en el Sur global. La RDC busca ampliar su red de apoyos en el expediente securitario y diversificar sus socios económicos, preservando al mismo tiempo su autonomía de decisión.

El criterio de éxito es, por tanto, medible. Depende de la aplicación efectiva de las resoluciones 2773 y 2808, de la ejecución de los tres acuerdos anunciados y de la capacidad de Kinsasa para obtener repercusiones locales concretas: empleo, transformación de los minerales, competencias. A falta de compromisos verificables, la diversificación corre el riesgo de quedarse en una postura diplomática más que en una palanca real. En esta fase, las informaciones disponibles no permiten decidir.

Este artículo ha sido redactado con la ayuda de la inteligencia artificial y verificado por nuestro equipo editorial.

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