Un miedo instalado antes del veredicto de las urnas
Fear & Greed en 20,05 antes de las midterms: el riesgo político se suma a un trade de IA financiado con deuda, mientras el mercado obligatorio sigue abierto.
Un miedo instalado antes del veredicto de las urnas
Las cifras de sentimiento cuentan una historia más sutil que el relato dominante. El CNN Fear & Greed Index marcaba 32,34 el 2 de noviembre. Cayó a 20,05 el 3 de noviembre, es decir, un descenso de 12,29 puntos en una sola sesión. Por la convención del índice, esa zona corresponde a un miedo extremo.
El orden de los acontecimientos importa. Esta lectura precede al anuncio de la victoria de los demócratas en el Congreso, que se produjo en la noche del 3 al 4 de noviembre. La elección no explica, por tanto, ese desplome. Vino a sumarse a un mercado ya nervioso, lo que cambia la forma de interpretar los movimientos del 4 de noviembre.
Lo que desencadenó el escrutinio
Una vez conocido el resultado, la reacción fue rápida. Los valores tecnológicos asiáticos retrocedieron y el dólar se debilitó, mientras que los Treasuries se beneficiaron de una demanda de refugio. Los inversores empezaron a reevaluar las posiciones construidas sobre el programa de Donald Trump, orientado a la desregulación y a la construcción acelerada de infraestructuras de IA.
Lo que está en juego no es tanto la capacidad legislativa de los demócratas, limitada por el derecho de veto presidencial, como la supervisión, las investigaciones y el control del gasto que deja entrever una mayoría de oposición. Para un sector cuya expansión se apoya en inversiones masivas, la incertidumbre sobre el marco político pesa directamente sobre las valoraciones.
La IA, un activo ya financiado a crédito
Lo que confiere a esta fragilidad un carácter estructural es el modo de financiación. Meta captó 15.000 millones de dólares en el mercado obligatorio estadounidense el 3 de noviembre y lanzó a continuación su primera emisión en euros. Junto con Microsoft, Oracle y Alphabet, los cuatro grupos han emitido cerca de 57.000 millones de dólares de deuda desde el final de la semana anterior. Es una de las secuencias más intensas jamás observadas en la deuda de los gigantes tecnológicos.
El mecanismo es claro. Cuando los gastos de infraestructura se cifran en billones de dólares, la autofinanciación ya no basta y los balances se apoyan en los mercados de crédito. El sector se vuelve entonces sensible a dos parámetros: el coste del préstamo y la percepción del riesgo político. La referencia de tipo soberano AAA de la zona euro, situada en el 3,326519 % a 10 años el 2 de noviembre, da un orden de magnitud del suelo de coste para los emisores que acuden al mercado europeo. Su componente de nivel (Beta0), en 1,661363, no ofrece en cambio ninguna señal de tendencia sin una serie de comparación.
Una restricción de oferta que complica la ecuación
El riesgo político no es solo interno. Grupos chinos como Alibaba, Tencent y ByteDance han encargado alrededor de 6 millones de chips RTX Pro 5500 de Nvidia. Prevén recibir solo unas decenas de miles, en torno al 1 %, en los próximos cuatro meses. Por su parte, Oracle canceló un acuerdo de 7.000 millones de dólares para el alquiler de chips a Tencent, tras las inquietudes expresadas por responsables estadounidenses.
Estos dos hechos demuestran que la geopolítica y las capacidades de producción ya condicionan la trayectoria de la IA. Añadir un Congreso más crítico completa un panorama en el que la demanda supera la oferta y la regulación sigue siendo imprevisible.
Lo que el mercado opone a esta lectura
La lectura bajista está lejos de generar consenso. Los compradores aprovecharon los recortes en tecnología desde el 4 de noviembre, con el argumento de que la elección despeja una incertidumbre y devuelve la atención a los fundamentales. Según el responsable de estrategia de renta variable para Europa y Asia-Pacífico de Barclays, Emmanuel Cau, los temores a prohibiciones nacionales de centros de datos resultan poco creíbles, dado el apoyo del presidente a la IA.
Sobre todo, la apertura del mercado obligatorio es una señal contundente. Si los inversores temieran un bloqueo de la financiación, las emisiones de Meta y de sus homólogos encontrarían resistencia. No es lo que describen los volúmenes. Los mercados de deuda distinguen, por ahora, el riesgo de valoración del riesgo de refinanciación.
Persiste, no obstante, un contrapunto de fondo en el crédito. Tony Yoseloff, director de inversiones de Davidson Kempner Capital Management, considera que el crédito privado afronta dificultades mayores que el mercado público, debido a tipos más elevados, a un crecimiento empresarial que se ralentiza y a un muro de deuda que vence en 2027 y 2028. Este diagnóstico no apunta directamente a la financiación de la IA, pero recuerda que el acceso al crédito no está garantizado a lo largo del tiempo.
Los límites de lo que los datos permiten afirmar
Conviene ser preciso sobre lo que demuestra el expediente. Disponemos de dos puntos para el Fear & Greed Index, de una sola observación para el tipo a 10 años AAA de la zona euro y para su factor de nivel, y de ningún valor anterior comparable. La extracción de datos detallados de macroindicadores y de la OCDE fracasó, lo que impide medir una tendencia o contrastar el indicador de sentimiento con otras series.
El vínculo entre miedo extremo y riesgo político sigue siendo, por tanto, una hipótesis de trabajo y no una demostración. Los valores del índice pueden reflejar otros factores que el expediente no documenta.
Una fase de repricing, no un giro confirmado
Lo que cabe concluir razonablemente se resume en tres puntos. El sentimiento ya se encontraba en miedo extremo antes de la elección. El resultado político añade una incertidumbre regulatoria a un sector que depende cada vez más de la deuda para financiar su crecimiento. Por último, los mercados obligatorios siguen abiertos, lo que limita por ahora el riesgo de un shock de financiación.
Lo que ocurra a continuación dependerá de la capacidad de la nueva mayoría para convertir sus medios de supervisión en restricciones reales y de la evolución de los tipos. Mientras estas dos variables se mantengan estables, el repricing actual se parece más a un ajuste de prima de riesgo que a un cambio de régimen.
Este artículo ha sido redactado con la ayuda de la inteligencia artificial y verificado por nuestro equipo editorial.
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