Un escrutinio interpretado como un factor de distensión
Legislativas 2026: la caída del petróleo y la distensión en los mercados emergentes ocultan una deuda estadounidense proyectada al 145 % del PIB en 2031.
Un escrutinio interpretado como un factor de distensión
El control de la Cámara y del Senado por parte de los demócratas cambia el panorama político en Washington, pero fue sobre todo por sus efectos indirectos por lo que el escrutinio afectó a los mercados. Donald Trump reconoció él mismo que era «en gran medida cierto» que la guerra contra Irán había ayudado a sus adversarios, porque había hecho subir los precios del carburante. Añadió que seguía disponiendo de su derecho de veto. Para los inversores, el mensaje es doble: el electorado sanciona el coste económico del conflicto, y un ejecutivo ahora confrontado a un Congreso hostil dispone de menos margen para prolongarlo.
Es la lectura que proponen varios analistas: una amplia victoria demócrata tiende a reducir el riesgo de un conflicto demasiado largo, y por tanto de precios del petróleo sostenidamente elevados, con posibles efectos positivos sobre los tipos y, por rebote, sobre las acciones. El razonamiento es plausible, pero se trata de un mecanismo de probabilidades, no de un hecho consumado.
Del crudo a los tipos largos: la transmisión por el riesgo
Ese mismo día, el petróleo perdió más del 8 %, en un contexto de señales de moderación de las tensiones y de avance de las negociaciones diplomáticas en Oriente Medio. Sería abusivo atribuir esta caída únicamente al resultado electoral: las señales diplomáticas contribuyeron directamente a ella. Pero la coincidencia de ambos acontecimientos bastó para provocar una retirada de prima de riesgo en una amplia gama de divisas emergentes.
El canal es clásico. Un barril más barato reduce la inflación importada anticipada en los países consumidores, relaja la restricción sobre los bancos centrales y baja la remuneración exigida para mantener deuda emergente. El dólar retrocedió así un 1,34 % frente al peso mexicano, un 1,68 % frente al peso chileno, un 1,13 % frente al rand sudafricano y un 0,75 % frente al peso colombiano.
Brasil, laboratorio del efecto de contagio
El mercado brasileño ofrece la ilustración más nítida. El contrato de depósito interbancario (DI) con vencimiento en enero de 2031 pasó del 15,43 % al 15,06 %, y el de enero de 2037 del 15,42 % al 15,04 %. A más corto plazo, el DI de enero de 2028 retrocedió del 14,63 % al 14,43 %, y el de enero de 2029 del 15,135 % al 14,83 %. Los vencimientos largos llegaron incluso a situarse por debajo del umbral del 15 % por primera vez en la semana.
Este movimiento se produjo el día de la decisión del Comité de Política Monetaria (Copom), y se prolongó con el anuncio de un pronunciamiento del presidente Luiz Inácio Lula da Silva el domingo 8 de noviembre, en el que defendería medidas de ajuste presupuestario. La bajada de los tipos brasileños combina, por tanto, un shock externo y una anticipación doméstica, lo que dificulta aislar la parte estrictamente imputable a Washington.
El tipo de cambio confirma este matiz. El dólar perdió un 0,64 % hasta situarse en 5,4518 reales, y el euro un 0,35 % hasta 6,1188 reales, pero la divisa brasileña se comportó peor que sus homólogas emergentes, señal de que la desconfianza hacia la política económica del Gobierno persiste, incluso en un periodo de calma mundial.
El punto ciego: la trayectoria presupuestaria estadounidense
El alivio percibido en el petróleo y los tipos no dice nada sobre la sostenibilidad de las finanzas estadounidenses. Las proyecciones del FMI para 2031 sitúan la deuda pública bruta de Estados Unidos en el 145,03 % del PIB y la deuda neta en el 116,84 %. Solo Japón, con un 188,88 % de deuda bruta, lo hace claramente peor entre las grandes economías del informe, por delante de Italia (135,58 %), Francia (123,63 %) y China (122,12 %). A modo de comparación, Alemania presenta un 75,59 % y el Reino Unido un 100,20 %.
El gasto público estadounidense se proyecta en el 38,65 % del PIB, menos que el Reino Unido (43,32 %), pero para una deuda notablemente más pesada que la de buena parte de sus pares. El economista Ludovic Subran anticipa por su parte un déficit presupuestario estadounidense del 6,6 % del PIB en 2027. Los comentaristas subrayan además que el riesgo de persistencia del déficit queda oculto por el entusiasmo poselectoral, mientras que sí se esperan reequilibrios sectoriales.
Un Congreso dividido no es garantía de disciplina presupuestaria: puede perfectamente paralizar los arbitrajes tanto como producirlos. Nada en los elementos disponibles indica que el escrutinio modifique la trayectoria de la deuda.
Ganadores y perdedores menos evidentes de lo que parece
El reequilibrio sectorial ya es perceptible. Un análisis de mercado sostiene que normas más estrictas sobre el desarrollo de los centros de datos podrían, paradójicamente, favorecer a los gigantes del sector digital al frenar la escalada de inversiones. Esta tesis sigue siendo una hipótesis: ese mismo día, Oracle retrocedía un 1,55 % hasta 124,24 dólares, tras una caída del 13,49 % en cinco sesiones y del 35,85 % desde el 1 de enero. El alivio macro no se distribuye, pues, de forma uniforme.
Lo que el informe no permite afirmar
Varios elementos invitan a la prudencia. El informe no contiene ni los rendimientos del Tesoro estadounidense, ni la evolución de los grandes índices, ni el nivel absoluto del barril: el efecto sobre los mercados estadounidenses no está cuantificado. La bajada del petróleo se vincula a las señales diplomáticas y no explícitamente al escrutinio. Sobre el terreno, la Guardia Revolucionaria iraní reivindica nuevos ataques contra petroleros en el estrecho de Ormuz, sin verificación independiente, mientras Trump reafirma su determinación de llevar el esfuerzo bélico hasta el final. Los operadores marítimos solo han confirmado un incidente, lo que sugiere que el riesgo geopolítico no ha desaparecido, simplemente se ha desplazado hacia las anticipaciones.
Una distensión condicional
Lo que las cifras permiten concluir es limitado pero sólido. El escrutinio coincidió con, y probablemente reforzó, una bajada de la prima de riesgo geopolítico: petróleo en retroceso de más del 8 %, tipos brasileños largos por debajo del 15 %, dólar en caída frente al conjunto de las emergentes. En cambio, la deuda estadounidense, proyectada al 145 % del PIB en 2031, y un déficit previsto del 6,6 % del PIB en 2027 recuerdan que el principal riesgo macroeconómico no se ha abordado en las urnas. El alivio sigue siendo, por tanto, condicional: dependerá de la confirmación de la distensión en Oriente Medio y de la capacidad de un Congreso recién dividido para producir algo más que oposición.
Este artículo ha sido redactado con la ayuda de la inteligencia artificial y verificado por nuestro equipo editorial.
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