Una flota llegada al final de su vida útil
Fin de vida de los E-3 AWACS, coste del E-7A y elección del GlobalEye de Saab: el reemplazo de la vigilancia aérea de la OTAN redefine la doctrina.
Una flota llegada al final de su vida útil
Diseñado en los años 1970, el E-3 Sentry se produjo en versión occidental en los años 1980. Su límite de obsolescencia está fijado a finales de la década de 2020, y la disponibilidad de la flota se degrada. Los aliados, sin embargo, no siguen el mismo ritmo. La Royal Air Force retiró sus E-3D ya en 2021, la US Air Force ha iniciado una retirada parcial, y Francia prevé desprenderse de sus cuatro E-3F de aquí a 2035. La OTAN prolonga sus E-3A hasta 2035 y contempla su retirada poco después. Este calendario fragmentado complica cualquier estrategia de reemplazo coordinada.
El favorito estadounidense lastrado por su precio
El E-7A Wedgetail parecía el candidato natural para suceder a la mayoría de los AWACS de la Alianza. Sin embargo, su coste, considerado prohibitivo, llevó al ejecutivo estadounidense a intentar detener el programa en 2025, un intento frustrado por el Congreso. Esta incertidumbre política en Washington pesa sobre un equipo del que depende la planificación europea. El 7 de julio de 2026, la OTAN anunció por su parte la elección del GlobalEye del sueco Saab. La secuencia es reveladora: un coste elevado debilita el apoyo político, lo que hace viable una alternativa no estadounidense.
Cuando el objetivo se convierte en la amenaza
La cuestión no se limita a la elección de la plataforma. Los días 14 de enero y 23 de febrero de 2024 fueron destruidos dos aviones AEW rusos A-50U. Estas pérdidas recuerdan que un aparato radar, muy visible e indispensable para la conducción de las operaciones, se convierte en un objetivo prioritario en un espacio de combate cada vez menos permisivo. Un único avión de alto valor concentra a la vez la capacidad y el riesgo.
Ante esta constatación, se plantea otra arquitectura: una plataforma tradicional mantenida a distancia (stand-off), complementada por una red de sensores dronizados situados en el margen de las zonas disputadas. La idea es repartir la función de detección para que ninguna pérdida aislada prive a las fuerzas de su vigilancia.
Los límites del análisis
El expediente deja varias preguntas abiertas. No facilita ni el coste unitario del E-7A o del GlobalEye, ni el número de aparatos que la OTAN prevé adquirir. La capacidad distribuida se presenta como una hipótesis a veces planteada, no como una decisión. El calendario sigue siendo ambiguo: una obsolescencia esperada a finales de los años 2020 coexiste con una prolongación de los E-3A hasta 2035. Las circunstancias exactas de la destrucción de los A-50U no se detallan.
Una transición bajo restricciones
Tres elementos convergen: una flota envejecida, un programa estadounidense cuestionado por su precio y una vulnerabilidad demostrada en 2024. Sugieren que la sucesión de los AWACS será menos un reemplazo idéntico que una redefinición de la función AEW. Los datos disponibles no permiten, sin embargo, decir si la arquitectura final será híbrida o centrada en la nueva plataforma.
Este artículo ha sido redactado con la ayuda de la inteligencia artificial y verificado por nuestro equipo editorial.
Este análisis fue producido con la asistencia de inteligencia artificial, a partir de fuentes institucionales y datos abiertos verificables. Transparencia IA