Diecinueve economías, una brecha de 165 puntos de PIB Las proyecciones de finanzas públicas con horizonte en 2031 abarcan diecinueve grandes economías avanzadas y emergentes. Ofrecen la imagen de un m
Dette publique 2031 : 165 points de PIB séparent le Japon de la Turquie. Dette brute, dette nette et productivité révèlent des modèles budgétaires divergents.
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Diecinueve economías, una brecha de 165 puntos de PIB
Las proyecciones de finanzas públicas con horizonte en 2031 abarcan diecinueve grandes economías avanzadas y emergentes. Ofrecen la imagen de un mundo presupuestario fragmentado. Por un lado, Japón soportaría una deuda pública bruta equivalente al 192,8 % de su PIB. Por otro, Turquía se mantendría en el 27,5 %. La brecha alcanza, por tanto, cerca de 165 puntos de PIB: el endeudamiento relativo japonés sería unas siete veces superior al de Turquía.
La dispersión no se limita a esos dos extremos. Sobre los diecinueve países, la media aritmética de la deuda bruta proyectada se sitúa en torno al 86 % del PIB. La mediana se encuentra en el 77,7 %, nivel proyectado para India. Una media superior a la mediana indica una distribución sesgada al alza por unos pocos deudores muy grandes. Siete economías superan el umbral del 100 %: Japón, Estados Unidos (142,1 %), Italia (136,1 %), China (126,8 %), Francia (120,7 %), Brasil (106,5 %) y Canadá (103,5 %). Reino Unido les sigue de cerca, con un 102,6 %, lo que eleva a ocho el número de países por encima de ese umbral simbólico.
Para el analista, esta primera constatación no basta. Un ratio de deuda bruta mide un stock de compromisos. No dice nada de los activos que se poseen en frente, de la capacidad de la economía para generar ingresos, ni de la dinámica de crecimiento que financiará, o no, ese stock. Es al cruzar los indicadores cuando aparecen las verdaderas divergencias estructurales.
Deuda bruta, deuda neta: lo que revela la diferencia
La deuda neta resta de la deuda bruta los activos financieros en manos de las administraciones públicas. La diferencia entre ambas sirve, por tanto, como aproximación al grosor del «colchón» financiero público. En los quince países para los que se dispone de ambas medidas, esa diferencia varía de forma espectacular. Hace emerger familias de modelos presupuestarios muy distintos.
Canadá, Japón, Corea del Sur: las potencias con colchón de activos
El caso de Canadá es el más llamativo del panel. Con una deuda bruta proyectada del 103,5 % del PIB, Ottawa figura entre las economías más endeudadas en términos brutos. Su deuda neta, sin embargo, se elevaría solo al 10,4 %, el nivel más bajo de los quince países. La diferencia, superior a 93 puntos, refleja una acumulación masiva de activos públicos frente a los compromisos. Juzgar a Canadá por su solo ratio bruto conduciría, por tanto, a un contrasentido analítico mayor.
Japón presenta una configuración comparable, en proporciones distintas. Su deuda neta proyectada del 122,8 % sigue siendo muy elevada, pero inferior en unos 70 puntos a su deuda bruta. Ese diferencial considerable relativiza en parte la cifra del 192,8 %. Confirma también que, incluso corregido por sus activos, el Estado japonés sigue siendo uno de los más endeudados del panel, justo por detrás de Italia.
Corea del Sur ofrece un tercer ejemplo, quizá el más instructivo. Su deuda bruta alcanzaría el 63,1 % del PIB, un nivel intermedio. Su deuda neta caería al 12,9 %, esto es, una diferencia de unos 50 puntos. Seúl se sitúa así, junto con Canadá, entre los Estados cuya posición financiera neta aparece como la más sólida, pese a un endeudamiento bruto no desdeñable.
Sudáfrica, Indonesia, Turquía: una deuda sin colchón
En el extremo opuesto, varias economías emergentes muestran deudas bruta y neta casi idénticas. En Sudáfrica, la deuda bruta proyectada del 82,6 % solo se reduce al 81,5 % en términos netos. La diferencia de apenas algo más de un punto señala una cuasi ausencia de activos financieros públicos movilizables. Indonesia sigue el mismo esquema: 42,2 % en bruto, 40,7 % en neto, esto es, alrededor de 1,5 puntos de diferencia. Turquía, con un 27,5 % en bruto y un 23,0 % en neto, solo tiene un margen de unos 4,5 puntos.
El alcance de estas cifras no es el mismo según los países. Para Turquía e Indonesia, el bajo stock de deuda limita el riesgo, incluso sin colchón. Para Sudáfrica, la combinación de un endeudamiento elevado y una ausencia de activos compensatorios crea una vulnerabilidad estructural. El país debe financiar la mayor parte de su deuda en los mercados, sin poder apoyarse en un patrimonio financiero público.
Las situaciones intermedias
Entre esos dos polos, un grupo de países muestra diferencias moderadas. En Reino Unido, Francia y México, la diferencia entre deuda bruta y deuda neta ronda los 8 puntos. Arabia Saudí se sitúa en un nivel próximo, con un 42,2 % en bruto y un 34,6 % en neto. Italia muestra una diferencia de unos 9,4 puntos, Alemania de unos 13 puntos (73,7 % en bruto frente a 60,7 % en neto). Australia se distingue con un diferencial de unos 18,4 puntos, para una deuda bruta del 49,1 % y una deuda neta del 30,7 %. Brasil y Estados Unidos presentan diferencias más marcadas, del orden de 25 a 27 puntos.
El bloque europeo: tres trayectorias bajo tensión
Las tres grandes economías continentales europeas del panel ilustran una divergencia interna especialmente nítida. Italia conservaría el ratio de deuda neta más elevado de los quince países documentados, con un 126,7 % del PIB. Superaría a Japón en esa medida, aunque le sigue de lejos en términos brutos. Con un escaso colchón de activos, la península presenta, por tanto, la posición neta más deteriorada de la muestra.
Francia se inscribe en una trayectoria comparable. Su deuda bruta proyectada del 120,7 % y su deuda neta del 112,6 % la sitúan en el pelotón de cabeza de las economías avanzadas más endeudadas. En términos netos, París se situaría al nivel de Estados Unidos (115,4 %). Francia no tiene, sin embargo, ni el estatus de moneda de reserva mundial ni la profundidad de mercado de Washington.
Alemania aparece en una categoría completamente distinta. Con un 73,7 % de deuda bruta y un 60,7 % de deuda neta, Berlín tendría una diferencia de unos 47 puntos de deuda bruta con Roma y de unos 52 puntos de deuda neta. Esa brecha es considerable para economías tan integradas comercialmente. Sugiere que las divergencias de finanzas públicas reflejan diferencias duraderas de capacidad presupuestaria y, en el trasfondo, de dinámica productiva.
Reino Unido, fuera de ese trío continental, ocupa una posición intermedia: 102,6 % en bruto, 94,5 % en neto. Presenta también uno de los pesos de gasto público más elevados entre los países para los que se dispone de ese indicador, con un 43,7 % del PIB.
Estados Unidos y la cuestión del peso del Estado
El gasto público solo está documentado para seis países en los datos disponibles. Ilumina, sin embargo, la lectura de los ratios de endeudamiento. Estados Unidos dedicaría el 38,1 % de su PIB al gasto público con horizonte en 2031. Es bastante menos que Reino Unido (43,7 %), pero más que Rusia (37,5 %), Turquía (32,6 %), Sudáfrica (32,6 %) o Arabia Saudí (25,0 %).
Relacionar la deuda bruta con el gasto público da un indicador aproximado: el número de años de gasto público que representa el stock de deuda. Estados Unidos se distingue entonces con fuerza. Su deuda bruta equivaldría a unos 3,7 años de gasto público. Ese ratio sería de alrededor de 2,5 en Sudáfrica, 2,3 en Reino Unido, 1,7 en Arabia Saudí, y menos de un año en Turquía (unos 0,8) como en Rusia (unos 0,8).
Ese cálculo, simple, subraya una característica estadounidense: un Estado cuyo peso en la economía sigue siendo moderado, pero que soporta un stock de deuda muy elevado. La deuda neta proyectada del 115,4 % confirma que el colchón de activos, real (unos 27 puntos de diferencia con la deuda bruta), no modifica fundamentalmente el diagnóstico. Reino Unido presenta la configuración inversa: un Estado más presente en la economía, pero un stock de deuda en relación con el gasto sensiblemente menor.
Emergentes: una divergencia dentro del propio grupo
Tratar las economías emergentes como un bloque homogéneo sería un error de análisis. Los datos proyectados revelan diferencias tan marcadas entre ellas como entre países avanzados.
China se desmarca con una deuda bruta proyectada del 126,8 % del PIB. Ese nivel la sitúa por encima de Francia y justo por detrás de Italia, lejos de sus pares emergentes. Brasil sigue con un 106,5 % en bruto, reducido al 81,1 % en neto gracias a un colchón de activos de unos 25 puntos, uno de los más importantes entre los países emergentes del panel. India, con un 77,7 %, ocupa exactamente la posición mediana de la muestra.
En el otro extremo, varias economías emergentes mostrarían niveles de endeudamiento muy contenidos. Turquía sería la menos endeudada del panel (27,5 %), seguida de Rusia (29,1 %), Indonesia y Arabia Saudí (ambas en torno al 42,2 %). Argentina se situaría en el 52,2 % y México en el 63,6 % en bruto, para un 55,6 % en neto.
Para Arabia Saudí, un ratio de gasto público del 25,0 % del PIB, el más bajo de los seis países documentados, se suma a una deuda moderada. El conjunto dibuja un Estado de huella presupuestaria ligera. Ese perfil deja, en teoría, márgenes de maniobra significativos, siempre que la base de ingresos se mantenga estable.
Productividad y sostenibilidad: leer más allá del ratio
El ángulo de la productividad impone una precaución metodológica. Los datos disponibles no incluyen ningún indicador directo de productividad del trabajo o de los factores. El análisis que sigue responde, por tanto, a la rejilla de lectura económica, y no a la medición empírica. Sigue siendo, no obstante, indispensable para interpretar las divergencias observadas.
La sostenibilidad de una deuda pública depende, ante todo, de la diferencia entre el tipo de interés pagado y la tasa de crecimiento nominal de la economía. Ahora bien, a medio plazo, el crecimiento real descansa en gran medida en las ganancias de productividad. Un ratio del 120 % no tiene, por tanto, el mismo significado en una economía cuya productividad avanza con fuerza y en una economía en la que se estanca. En el primer caso, el crecimiento del denominador aligera mecánicamente el ratio. En el segundo, solo la consolidación presupuestaria puede lograrlo.
Vista desde ese ángulo, la divergencia europea adquiere un relieve particular. La brecha de unos 47 puntos de deuda bruta entre Italia y Alemania no puede entenderse sin las diferencias de dinámica productiva de largo plazo entre ambos países. Esas diferencias condicionan a la vez los ingresos fiscales y la capacidad de absorber los choques. La cuestión es comparable para Francia, cuya deuda neta proyectada se acerca a la de Estados Unidos sin beneficiarse de los mismos activos estructurales.
Para las economías con un fuerte colchón de activos, como Canadá, Corea del Sur o Japón, la lógica es distinta. El patrimonio financiero público acumulado ofrece un margen de seguridad que atenúa la dependencia del crecimiento de la productividad. Para Japón, no obstante, el nivel de deuda neta sigue siendo tal que la trayectoria de crecimiento continúa siendo un parámetro decisivo.
Entre los emergentes, el desafío se plantea en términos de convergencia. Los países con deuda moderada, como Indonesia, Turquía o Rusia, disponen de un espacio presupuestario teórico para financiar inversiones productivas. Para Sudáfrica, cuya deuda bruta rondaría el 83 % sin colchón de activos, la ausencia de una dinámica productiva vigorosa constituiría el principal factor de riesgo. China, con un endeudamiento bruto superior al 126 %, deberá obtener un rendimiento suficiente de su deuda en términos de ganancias de productividad para evitar una acumulación autosostenida.
Las señales que hay que vigilar
Varias enseñanzas estratégicas se desprenden de esta cartografía prospectiva. En primer lugar, el ratio de deuda bruta, a menudo el único que se destaca en el debate público, es un indicador engañoso si no se completa con la deuda neta. Los casos de Canadá y Corea del Sur son la demostración más clara, con diferencias respectivas de unos 93 y 50 puntos.
En segundo lugar, la fractura presupuestaria no sigue la línea divisoria clásica entre economías avanzadas y emergentes. China y Brasil figuran entre las más endeudadas. Alemania y Australia (49,1 % en bruto) se mantienen claramente por debajo de la mediana, junto a varios emergentes.
Por último, las trayectorias proyectadas para 2031 plantean una pregunta que los ratios por sí solos no pueden resolver: la del crecimiento futuro. Para los Estados más endeudados en términos netos, Italia, Japón, Estados Unidos y Francia, todos por encima del 110 % del PIB, la capacidad de relanzar de forma duradera las ganancias de productividad condicionará la sostenibilidad de sus finanzas públicas. A falta de datos de productividad comparables en el panel, esa variable sigue siendo el ángulo muerto del análisis. Es, sin embargo, la que determinará si la gran divergencia presupuestaria actual se reduce o se agrava a lo largo de la próxima década.
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